
07 febrero 2026
¿Prohibir la adolescencia?
/ Derechos digitales | Privacidad | Datos | IA | Neutralidad de la Red
«¡Es terrible! El año pasado las corporaciones propietarias de las redes sociales han ganado solo en EE. UU., más de 11.000 millones con publicidad dirigida a los menores». Efectivamente, es terrible. Pero ¿en qué momento del desarrollo mental de la humanidad estamos que, al oír esto, pensamos «Perfecto. Prohibamos los adolescentes», en lugar de pensar «prohibamos los negocios tóxicos de unos señoros tóxicos».
No es poca cosa erradicar los menores del espacio público virtual, de la comunicación y la información de nuestro tiempo, de la realidad. ¿Son ellos los que se merecen esto?
Por mucho que le pese a algunas personas, el mundo ya no es solo el espacio privado y el espacio público. Ahora es espacio privado, espacio público y espacio virtual, digital. Todos existen a la vez, no pueden segregarse y todos deben ser espacios democráticos. Repito, espacios democráticos.
¿En qué momento del desarrollo mental de la humanidad estamos, después de todo lo que hemos vivido y sabemos que hemos vivido, que al escuchar que hay que verificar la edad de los menores cuando quieren acceder a las redes sociales —estas redes que son ahora el ágora de debate y vida social—, nos parece una excelente idea? ¿ Qué fallo en nuestro desarrollo impide de que nos percatemos que, para verificar la edad de los menores, se ha de verificar la edad de todos los demás para excluir que sean menores?
Internet se ha comparado a muchas cosas, pero la única que no es falaz es comparar internet al espacio público, a la calle. ¿Propondríamos encerrar a las personas en sus habitaciones hasta los 16 años por si hacen malos encuentros? En el espacio físico, esto incluso está perseguido por ley. Lo que se hace con las personas menores es acompañarlas desde espacios más simples a más complejos. Que las autoridades hayan de hacer las calle más segura en ningún caso se consideraría democrático imponer toques de quedas permanentes y selectivos. Sería una barbarie.
¿Nos parecería una buena idea que fuera necesario el reconocimiento facial para entrar en los bares, coger el metro o pasear por la Rambla?
¿Cómo podemos estar felices de que nuestro espacio virtual, de todos, sea un espacio de estado de excepción, y más con la que está cayendo?
Y esto no es solo por un simple motivo de derechos humanos fundamentales; es por otro problema también. La infancia y la adolescencia es cuando aprendemos más los lenguajes y las habilidades. Igual que con la calle, aprender de mayor sería un agravio comparativo irreparable: una generación de personas atrasada en habilidades básicas y comprensiones básicas de la vida.
Ceder a esta petición histérica y simplista, fruto de la falta de conocimiento de familias y centros que no han sido bien asesorados, y de gobiernos que temen encarar a grandes poderes, es débil y electoralista y, peor: no resuelve el problema de la montaña de porquería que sigue impactando en los menores y en todos nosotros. Basura, por ejemplo, racista y machista, que fomenta relaciones tóxicas y maltrato criminal dentro de la pareja, como La isla de las tentaciones, o como los varios programas televisivos, donde se toman por ejemplo a seguir personajes que no cumplen con los mínimos estándares éticos o donde opinan sin ton ni son narciso tarados a los que sus mamás y papá les han reído demasiado las gracias cuando eran pequeños.
En el anuncio de Pedro Sánchez hay cosas que sí se pueden rescatar, aunque expresadas en una mezcla inquietante de datos técnicos mal entendidos y propósitos inaplicables. Por ejemplo: que no se pueda manipular el algoritmo. A ver, señores: el algoritmo es lo que manipula; no hace falta manipularlo más. Me refiero a que el algoritmo es la orden que los señores propietarios de las big tech dan a sus máquinas para que prioricen contenido que les convenga política o económicamente. O sea: que no hay que pedir que no manipulen el algoritmo, sino que sus algoritmos no manipulen, no promuevan contenido no verificado, contenido ultra violento o calumnias, etc.
Y ahí llega el punto en el que coincidimos con Sánchez: en el resultado a obtener, aunque no en el modo de hacer. Responsabilidades penales para los directivos.
Nuestra receta es (https://xnet-x.net/ca/fakeyou-desinformacio-descarrega/): los directivos bajo cuyo liderazgo se acepta dinero para promover contenido no verificado son responsables. Y aquí un pequeño problema para que esto se legisle: los partidos políticos son el segundo mejor cliente de la industria de la desinformación, después de las grandes fortunas y de los propietarios de las plataformas. Son los principales responsables del vertedero ideológico de las redes.
El enemigo no son nuestros adolescentes. Lo que hemos de erradicar son los negocios basados en algoritmos tóxicos, y esto se puede hacer ahora, por prohibir los algoritmos tóxicos y la comunicación de los partidos sin verificación de veracidad.
#DigitalizaciónDemocrática YA!


